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LEYENDAS DE SALAMANCA

LEYENDA DE TENTENECIO

Cuenta la leyenda que un día se escapó un toro bravo por las calles de Salamanca, sembrando el pánico entre los ciudadanos.
San Juan de Sahagún, patrón de la ciudad, que paseaba, se encontró de bruces con el animal y le dijo: "Tente, necio". El toro se paró y quedó manso.
En honor a este episodio, la calle donde esto ocurrió, lleva el nombre de Tentenecio.


LEYENDA DEL LUNES DE AGUAS

El Lunes de Aguas es un día muy típico en Salamanca, en el que todo el mundo sale al campo a comer el hornazo (también muy típico).
Esta costumbre se remonta en el tiempo al S.XVI, momento en el que Felipe II dicta unas normas por las que, durante la cuaresma y Semana Santa, las prostitutas de la ciudad, habían de abandonar Salamanca para salvaguardar la moral y las buenas costumbres cristianas.
Para cumplir con el mandato, cruzaban al otro lado del río y quedaban bajo la custodia de un clérigo, conocido popularmente como el Padre Putas, hasta el lunes siguiente al lunes de Pascua, momento en el que volvían a la ciudad atravesando de nuevo el río en barcas.

La vuelta era motivo de fiesta entre los estudiantes, que se acercaban al río a recibir a las muchachas con bebida y hornazo.

Hoy en día, como es de suponer, ya no se echa a las prostitutas de la ciudad, pero aunque el motivo principal haya desaparecido, los salmantinos siguen celebrando una tarde de merienda con hornazo a orillas del Tormes.

 

LEYENDA DE LA CUEVA DE SALAMANCA


Cuenta la leyenda que el Diablo en persona impartía clases de nigromancia y esoterismo en esta Cueva, sita en la Cuesta de Carvajal, a grupos de siete estudiantes durante siete años.
Al concluir los estudios uno de los estudiantes, elegido por sorteo, había de quedar al servicio del demonio como pago a sus enseñanzas. El Marqués de Villena fue uno de los elegidos. Consiguió huir con vida, aunque en su huida perdió la sombra, lo que le hizo quedar señalado como seguidor de Satanás.

 

LEYENDA DE MARÍA LA BRAVA


En el S.XV Salamanca estaba dividida en dos bandos que continuamente tenían cruentos enfrentamientos: el de San Benito y el de Santo Tomé.
En una de esas luchas, los dos hijos de María de Monroy, del Bando de Santo Tomé, fueron asesinados. Cuenta la leyenda que Doña María persiguió a los asesinos hasta Portugal, donde los mató y decapitó, volviendo a Salamanca con las cabezas, para arrojarlas a la tumba de sus hijos. Desde entonces fue conocida como María "la Brava".

 

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